Una vez dentro de la casa Romualdo invitó a tomar asiento a… -Disculpe, ¿su nombre?
-Puede usted llamarme vecino. Vivo en la casa del camino, esa que esta llendo al ayuntamiento.
El señor Barciademera se extrañó sobremanera con la contestación, pero no quiso incidir mas en el asunto del nombre pues tenía la impresión de que el Vecino era un tipo con malas pulgas. Así pues Romualdo comenzó a exponer los servicios que solía realizar; escritura y lectura de cartas fundamentalmente y en ocasiones talleres de aprendizaje del uso de las letras. Habló tambien de sus tarifas y los lugares que habían tenido la suerte de contar con sus servicios, de los tipos de cartas que había escrito, de su especialidad en redactar anónimos amorosos, de la satisfacción de sus anteriores clientes, de la estima en que le tenía la dirección de la compañía…
El Vecino no parecía prestar mucha atención y tras unos minutos de monólogo del señor Barciademera espetó un “pues escriba que para eso le pago”. Romualdo un poco irritado se acerco a un pequeño armarito que había en el salón, en el que había guardado sus enseres de trabajo. Caminaba cabizbajo, pensativo, planteándose si esta actitud sería exclusiva del Vecino o si los malos modos serían la manera habitual de interactuar en este extraño lugar que era Ribeira de Arandia.
Una vez estuvo sentado a la mesa junto al Vecino, éste comenzó a dictar:
” Querido mio, siento escribirte esta primera misiva de nuestras vidas para darte tan mala noticia. Querido mio vas a morir. Yo te mataré. Atentamente tu vecino.”
Romualdo terminó de escribir y levantó la cabeza, asustado. –Pero…esto es una broma, ¿no?
-Deme usted esa carta y no diga una palabra de esto. El Vecino arrancó la carta de las manos de Romualdo y le tiró encima de la mesa unas cuantas monedas. Se dió la vuelta y salió por la puerta sin despedirse siquiera. Romualdo se quedó inmovil, turbado por lo que acababa de escribir. Una amenaza de muerte. En sus largos y abundantes años como escribano jamas se había visto en situación similar. Tras pasar un largo rato meditabundo llegó a la conclusión de que todo era una broma de iniciación del Vecino, como el primer paso de un largo proceso que terminaría con la aceptación por parte de los lugareños.
Al día siguiente el señor Barciademera se levantó temprano. Tomó un desayuno compuesto por un zumo de naranja y unas tostadas de pan con aceite. Tras darse una ducha salió al jardín a echar una ojeada ya que se percato de que en el tiempo que llevaba en la casa todavía no le había prestado atención, solamente lo había visto de pasada el día de su llegada.
La verdad es que estaba bastante descuidado, la primera vez que lo vio le había parecido un poco más bonito, agradable. El seto que separaba el terreno del monte circundante, en la parte sur de la finca parecía una especie de afro gigante, como los pelos de los brazos cuando te quitas una camisa cargada con electricidad estática. En sólo unos dias daba la impresión que había doblado su tamaño. Alrededor de los frutales se amontonaban limones y manzanas ya maduros y parecía que las silvas querían tomar al asalto la finca saltando el muro de piedra que la cerraba por el este. Romualdo decidió acercarse hasta el bar para informarse de si había alguien en el pueblo que se encargase de adecentarle el jardin.
(continuará…y ya queda menos)
Tags: literatura, relato
April 28, 2008 at 8:45 pm |
Muy bueno. Tendrá rápido final o será largo…