el cuenta cuentas

By berobreo

Kanubaal Didarca era un hombre enjuto. Delgado como un bimbio. Del color de las olivas tiernas. Y con los cabellos de un gris negruzco. Solía sentarse con las piernas cruzadas, a la sombra del templo de Ishtar. Todo el cuerpo bajo su enorme turbante. Normalmente sus manos cerradas no contenían más que sudor y él contemplaba la vida pasar.

Un día un montón de niños se arremolinaron a su alrededor, embelesados. Con un ábaco en su regazo comenzó: “Érase una, dos, tres…”

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